martes, 13 de mayo de 2008

"El elefante encadenado" por Jorge Bucay

Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí como a otros, después me enteré, me llamaba la atención el elefante.
Durante la función, la enome bestia hacia despliegue de su tamaño, peso y fuerza descomunal... pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas clavada a una pequeña estaca clavada en el suelo. Sin embargo, la estaca era solo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir.
El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces? ¿Por qué no huye? Cuando tenía 5 o 6 años yo todavía en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre, o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado. Hice entonces la pregunta obvia: -Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan?
No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo me olvide del misterio del elefante y la estaca... y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta. Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta: El elefante del circo no se escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde muy, muy pequeño. Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró, sudó, tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo, no pudo.
La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado, y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que le seguía... Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.
Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no se escapa porque cree -pobre- que NO PUEDE. Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro. Jamás... jamás... intentó poner a prueba su fuerza otra vez...

Jorge Bucay
Foto:www.servisalud

4 comentarios:

isol dijo...

A esta historia ya la he leido y no me canso de hacerlo,creeme muchas veces me sentí como ese elefante encadenada a mi suerte pero aprendí a intentar y así salí adelante,como siempre visitarte es un gusto,que tengas un buen día!!!

Pedro dijo...

Justo igual que los humanos que nunca se cuestionan las enseñanzas que reciben de pequeño (o de grande), y se mantienen encadenados a ellas de por vida.
Un fuerte abrazo.

juani dijo...

Llegue a tu blog por casualidad y me quede leyendo este relato me gusto mucho gracias por compartirlo!!!

Azulada dijo...

...interesante la historia...

La excepción la supe de un elefante que sí intento soltarse, en Hawaii, en un circo... De hecho ví el video en las noticias años atrás, e hizo desastres... Al principio la gente pensó que era parte del acto, pero el elefante se soltó, saltó por encima de la gente, rompió la puerta y afuera gritaba y le pegaba a los autos con la trompa. Me impresionó ver eso, pues me da lástima los pobres animales del circo que los tienen encerrados toda una vida...triste que al final tuvieron que matar al elefante..=(

sé que no tiene mucho que ver con el mensaje de la historia en tu blog, pero es que me acordé de esa historia triste y quizé contártela...
besitos