miércoles, 8 de octubre de 2008

La paciencia del bambú (autor desconocido)

No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego constante.
También es obvio que quien cultiva la tierra no se para impaciente frente a la semilla sembrada, halándola con el riesgo de echarla a perder, gritándole con todas sus fuerzas: ¡Crece, maldita seas! Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo transforma en no apto para impacientes:
Siembras la semilla, la abonas, y te ocupas de regarla constantemente. Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad, no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto, que un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles.
Sin embargo, durante el séptimo año, en un periodo de solo seis semanas... ¡la planta de bambú crece ¡mas de 30 metros! ¿Tardó solo seis semanas crecer? No, la verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse.
Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después de siete años.
Sin embargo, en la vida cotidiana, muchas veces queremos encontrar soluciones rápidas, triunfos apresurados, sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que este requiere tiempo.
Quizás por la misma impaciencia, muchos de aquellos que aspiran a resultados en corto plazo, abandonan súbitamente justo cuando ya estaban a punto de conquistar la meta. Es tarea difícil convencer al impaciente, que solo llegan al éxito aquellos que se mantienen en forma perseverante y coherente, o sea no tercos e ilusos, y saben esperar el momento adecuado.
De igual manera es necesario entender que en muchas ocasiones estaremos frente a situaciones en las que creemos que nada está sucediendo. Y esto puede ser extremadamente frustrante.
En esos momentos (que todos tenemos), recordar el ciclo de maduración del bambú japonés, y aceptar que -en tanto no bajemos los brazos -, ni abandonemos por no "ver" el resultado que esperamos, sí está sucediendo algo dentro nuestro: estamos creciendo, madurando.
Quienes no se dan por vencidos, van gradual e imperceptiblemente creando los hábitos y el temple que les permitirá sostener el éxito
cuando éste al fin se materialice.
El triunfo no es más que un proceso que lleva tiempo y dedicación.
Un proceso que exige aprender nuevos hábitos y nos obliga a descartar otros.
Un proceso que exige cambios, acción
y formidables dotes de paciencia.
Tiempo...
¡Cómo nos cuestan las esperas!. ¡Qué poco ejercitamos la paciencia en este mundo agitado en el que vivimos...!
Apuramos a nuestros hijos en su crecimiento, apuramos al chofer del taxi...Nosotros mismos hacemos las cosas apurados, no se sabe bien por qué... Perdemos la fe cuando los resultados no se dan en el plazo que esperábamos, abandonamos nuestros sueños, nos generamos patologías que provienen de la ansiedad, del estrés... ¿Para qué?
Te propongo tratar de recuperar la perseverancia, la espera, la aceptación. Gobernar aquella toxina llamada impaciencia,
la misma que nos envenena el alma.
Si no consigues lo que anhelas, no desesperes...
quizá solo estés echando raíces....


Autor: desconocido

13 comentarios:

jose carlos dijo...

Hola ya veo que estas de vuelta. Espero que el fin de semana fuera muy pero que muy bueno. Un beso.

Ligia dijo...

Es increíble la historia del bambú. Parece algo imposible... A veces se nos hace difícil controlar la impaciencia, y mira por donde, es que estamos echando raíces. Abrazos

Graciela dijo...

José, sin duda lo fué. Un evento sobre terapias alternativas de todo tipo con una amiga que es un tesoro y un mega cumple 60 familiar, vestidos todos como en esa época..la verdad? disfruté de todo mucho..y siguen los proyectos jaja.Un beso y gracias por tu visita (sigues 1ro en podio de visitas eh!)jajaj

Ligia, verdad que es maravilloso? es una forma de ver la pausa, el tomarte el tiempo para lentamente recuperarnos de los golpes, las desiluciones en todo aspecto para luego desplegarte fuerte y alto, mi ligia querida, te abrazo con mucho cariño!!

Raquel Fernández dijo...

Esta historia parece escrita para mí, la más impaciente de las mujeres.
Me hizo pensar muchísimo. Gracias.
Te dejo un beso enorme.

Juan Antonio dijo...

Se dice que vivimos en un mundo competitivo. En las escuelas se nos forma para competir con la gente del mundo y claro, al final ganar
Tenemos que pensar que antes de nacer nuestros espermatozoides ya están compitiendo por ver quien llega primero
Quizás suene muy hippie todo esto, pero creo que la competencia es un error que se disfraza de virtud. Lo descubrí a los doce años, una vez en la que, después de haber entrenado duro con el equipo de baloncesto de mi colegio, me dejaron sentado en la banca el gran día del partido, delante de mis padres y hermanos, porque no era yo el que mejor encestaba ni el más alto, y lo que importaba –recién entonces vine a enterarme– era ganar, ganar a toda costa al equipo contrario. Me sentí muy mal.
Y sobre ese tema discutía hace poco con mis hermanos, ya grandecitos todos, en una sobremesa de domingo. Yo decía que todos los niños que conforman un equipo y han entrenado deberían participar de los juegos deportivos, aunque sea dejándolos entrar por 10 minutos a la cancha, pero jamás dejarlos sentados en la banca. Pero no todos estaban de acuerdo conmigo. Algunos de ellos me decían que estamos en un mundo cada vez más competitivo, que las cosas son así, que yo en qué planeta vivo y que en una competencia, de lo que se trata es de ganar...
Me quedé callado, pensando en cuánto fomentamos esa moral competitiva entre nuestros hijos. Desde muy niños, para postular a un colegio por el que luego habrá que pagar un montón de dinero, tienen que dar un examen y ganarle a los otros niños porque no hay suficientes vacantes para todos. Pero lo peor es lo que nosotros mismos fomentamos, por ejemplo: “Mira cómo Sebastián come toda su comida y por eso va a crecer y tú te vas a quedar enana”. O peor: “Ves cómo Camila no llora cuando su mamá la deja en el nido y tú sí? Y eso que ella es más chiquita que tú, ¿ah?”
Los niños pronto empiezan a sentir que tienen que competir para ganarse el aprecio de los demás, que tienen que hacer las cosas mejor que los otros o antes que los otros, que tienen que crecer más que el otro, tener más juguetes, y así, poco a poco, desde cosas muy sencillas hasta quién celebra el cumpleaños más sofisticado y quién recibe más regalos y quién se saca mejor nota y quién corre más rápido y quién pega más fuerte, y una serie de estupideces que los va llenando de ansiedad y despojando de su espontaneidad, de su pureza y su falta de prejuicios, pero a cambio los prepara para este mundo horrible donde todos corremos detrás del reconocimiento y de la belleza física y del dinero y de los mejores puestos de trabajo y del celular con blackberry y del último Ipod, sin detenernos por un instante a pensar en qué carrera tan absurda se nos está yendo la vida ni qué es realmente lo que nos hace felices a nosotros, sin mirar al otro, sin hacer caso a esa vocecita interior, muy parecida a la de un anuncio publicitario de un auto de lujo, que nos dice, tarde, mañana y noche: no seas un perdedor, el mundo es de los winners.
Graciela tu dirás, yo ya hablé mucho, como siempre. Perdona, un fuerte abrazo

Ferchu dijo...

Muy bueno tu post y tu blog, pasare mas seguido a visitarte.

EL Ferchu del SOtano

Adolfo Calatayu dijo...

Me encantó la entrada,el texto es genial querida Gracielita !!! recuerdo que el año pasado tuve que indagar un poquito más sobre el tema de los Bambues y descubrí que hay más de 500 variedades distintas...viste que en Oriente los utilizan en la construcción? es notable todas las aplicaciones que le dan...
Un gran gran cariño !!!

Graciela dijo...

Juan Antonio, el mundo es competitivo y trabajamos mas horas para poder cambiar el último modelo de coche,sostener este "status" de vida que se pide tener para "pertenecer"y tener cierto target social, tener todo lo nuevo que a los 2 meses ya es viejo,consumir, comprar, ser delgado, musculoso (la última palabra que incorporé: metrosexual, u hombres E) se fomenta la bulimia, la anorexia en los jovenes porque sino son discriminados, a los adultos casi lo mismo, no hay talles si tienes algun kilo demás,cirugías de todo y para todos los gustos sino no te dan trabajo, no tienes novio, no nada...apariencia, consumismo sin sentido,otra: estamos super comunicados por un montón de aparatos , tecnología que no descarto sea útil y maravillosa en muchisimos aspectos pero nos olvidamos de hablarnos o de conectarnos desde el corazón..
En cuanto a tu anécdota del colegio me viene a la memoria mis épocas de estudiante donde tampoco estaba entre las mejores,en cestoball, era muy buena en defensa pero no para encestar y ahi quedaba fuera casi siempre, luego ya adulta estudié para enseñar deportes, trabajé muchos años en una escuela rural donde mis chicos eran "aplastados" por los de las ciudades mas grandes en cuanto a instalaciones para hacer deportes estábamos en cero a comparación, por eso buscando una salida a mis chiquitos me aboqué al atletismo donde podía lograr resultados desde lo individual por aptitud, mérito y esfuerzo propio o colectivo a través de las famosas postas 4x100, gracias a ello me sentí útil, gratificada más de una vez, en fin historias de vida de cada uno, no?
creo que podemos decidir seguir educando para abrir una luz, un pensamiento sensible para con alguien desde el lugar que nos encontremos, docencia, profesional o como simplementee seres humanos ..reflexionar, resonar con el otro y desempolvar valores, sensibilidad y cariños aturdidos y sacarlos a relucir lentamente, como diría mi padre: trabajo de hormigas-todos los días aportar un poco...
J.Antonio tus textos me atrapan y te doy las gracias por ello, porque es una comunicación, fluida, lindisima..va un beso alado cruzando el océano para vos.

Graciela dijo...

Ferchu, tienes el apodo de mi hija Fernanda, le decimos asi, jaja Te doy la bienvenida a mi casa, he visitado el tuyo y está MUY bien..que sigan las visitas!! Un abrazo para vos!

Adolfo es cierto lo que decís, le dan mil usos, increiblemente,
Ah me acordé mucho de vos este finde en mi curso-atelier de terapias alternativas, me fascinó..te escribiré para contarte ...mientras tanto amigazo¡¡venga un abrazote!!

pelado1961 dijo...

Graciela:

Este texto es fabuloso. Y más que apropiado para estos tiempos.
Con respecto a lo que comentaste acerca de cuántas cosas hacemos sin ton ni son, creo que al ser humano actual los objetivos y las metas le llegan únicamente de afuera.
Casi nadie hace la pausa para escucharse a sí mismo en medio del ruido.

Te mando un beso y gracias por compatir ese texto.

Tere dijo...

Lo tendré muy en cuenta este texto porque ese defecto de la impaciencia es uno del montón que tengo.Abrazo

Páginas de la Vida dijo...

Graciela querida me encanto leer este post,realmente es lo que nos sucede en muchas circunstancias de la vida,no sabemos esperar...y tenemos que tener y usar el don mas fino de la paciencia.Hace bastante posteo una leyenda india que decia que el hombre busca y escarba,por donde sea buscando el tesoro mas preciado pero que nunca busca dentro de su alma y de su corazon.
Debemos aprender estas enseñanzas tan sabias que nso dan los grandes maestros.
Me alegra que hayas visitado nuestro espacio,como siemprfe con tantas hermosas y bellas palabras que se que solo salen del corazon

Te quiero

Patry

Fonzi dijo...

Realmente inspirador.
No hacen falta mas palabras.
Gracias.