miércoles, 9 de enero de 2008

El viaje.

No se trata realmente de que el barco pasó sin que te dieras cuenta.


Más bien podríamos decir que el barco paró directamente delante de la ventana de tu cuarto.


El capitán hizo sonar la sirena y la banda comenzó a tocar una marcha triunfal.


El barco te llamó con un grito,agitando sus banderas de colores brillantes, su casco de plata brillando a la luz del sol.


Pero tú tenías la idea de que irías por tren.Así que seguiste mirando el horario de trenes.


El barco se cansó de esperarte, levantó la rampa y recogió el ancla.


El barco empezó a alejarse, achicándose como un juguete...


Y en ese momento, en ese preciso momento,..


te dista cuenta de que tu verdadero amor.. es el mar.

Autor: NAOMI SHIHAB NYE
Foto: Fotoguayre

5 comentarios:

Chapellina dijo...

En ocasiones nos tiene que pasar algo para abrir los ojos y darnos cuenta de lo que realemente amamos. Saludos Graciela.

AC: Me fascinan los comentarios que dejas en mi blog son re-lindos.

nieve dijo...

Hola Graciela, un texto muy hermoso. Vivo en una ciudad rodeada de agua: agua de su río inmenso, caudaloso, frondoso. Agua de la entrada a la ría de Pontevedra, magnífica, insondable. Agua del oceáno atlántico, mágico, fascinante. Playas de arena blanca, más fina que la harina pasada por tamiz. Amaneceres y anocheceres de cuento, para soñar. Amo el mar. Te dejo una poesía de Vicente Aleixandre sobre el mar:

"EL MAR LIGERO"

El mar castiga el clamor de las botas en seco
que pasan sin miedo de pisar ea los rostros,
a aquellos que besándose sobre la arena lisa
toman formas de conchas de dos en dos cerradas.

El mar bate sólo como un espejo,
como una ilusión de aire,
ese cristal vertical donde la sequedad del desierto
finge un agua o un rumor de espadas persiguiéndose.

El mar, encerrado en un dado,
desencadena su furia o gota prionera,
corazón cuyos bordes inundarían al mundo
y sólo pueden contraerse con su sonrisa o límite.

El mar palpita como un vilano,
como esa facilidad de volar a los cielos,
aérea ligereza de lo que a nada sustenta,
de lo que sólo es suspiro de un pecho juvenil.

El mar o pluma enamorada,
o pluma libertada,
o descuido gracioso,
el mar o pie fugaz
que cancela el abismo huyendo con un cuerpo ligero.
El mar o plamas frescas,
las que con gusto se ceden en manos de las vírgenes,
las que reposan en los pechos olvidadas del hondo,
deliciosa superficie que un viento blando riza.

El mar acaso o ya el cabello,
el adorno,
el airón último,
la flor que cabecea en una cinta azulada,
de la que, si se desprende, volará como polen.

Gracias por tus palabras y por tus visitas. Siempre eres muy bienvenida y se te espera con cariño.

Un beso

Manos Ligeras dijo...

Simplemente me encanta.
Sé que todo va más allá del mar, pero utilizar esa metáfora hace que me guste aún más. Soy una "dependiente" del mar y me encanta navegar en un barco de vela. Lo añoro muchísimo.

Martín Bolívar dijo...

Un bonito poema, más cuando tienes lejos el mar.

Graciela dijo...

Gracias por sus visitas, valoradas y esperadas todas porque poco a poco se extiende un afecto maravilloso entre nosotros y es a partir de ahi..estrechándo vínculos donde se ensancha el horizonte donde el compartir diario, alimenta el espíritu y alivia el camino..un lujo contar con uds!!!